Rezar la oración a San Miguel Arcángel es una práctica que viene de muy atrás en la tradición católica. Millones de fieles la conocen y la rezan como escudo frente al mal y como fuente de fortaleza cuando la fe flaquea. San Miguel, cuyo nombre significa «¿Quién como Dios?», es el príncipe de las milicias celestiales y protector de la Iglesia. Son muchos los que acuden a su intercesión desde hace siglos, sobre todo en esos momentos duros donde uno siente que la batalla espiritual se pone difícil.
Presencia bíblica de San Miguel Arcángel
La Biblia nombra a San Miguel en varios pasajes que son piedra angular de la fe católica. En el libro de Daniel (10,13 y 12,1) se le menciona como uno de los primeros príncipes celestiales y el gran protector del pueblo de Dios. El Apocalipsis (12,7-9) lo pone al frente de los ejércitos del cielo, combatiendo y derrotando al dragón, echando a Satanás del cielo. Y la Carta de Judas (1,9) también lo trae a colación: ahí se cuenta que disputaba con el diablo sobre el cuerpo de Moisés, lo que deja ver su papel como defensor de la justicia divina frente a las fuerzas del mal.
La oración compuesta por el Papa León XIII
Cuenta la historia que en 1884, el Papa León XIII compuso la oración a San Miguel Arcángel después de una experiencia espiritual que lo sacudió durante la Misa. La oración original, escrita en latín con el título «Sancte Michael Archangele», se rezó de forma obligatoria al final de cada Misa durante más de ochenta años, hasta que las reformas del Concilio Vaticano II cambiaron la liturgia. En esa súplica se pide la protección del arcángel contra las asechanzas del maligno y su intercesión para que Dios reprenda a Satanás. Hoy sigue siendo una oración que mucha gente reza de corrido, en casa o en la iglesia, cuando siente que necesita amparo espiritual.
Devoción y tradición en la vida de la Iglesia
El 29 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de los Santos Arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. San Miguel es patrono de la policía, los militares, los paramédicos y de todos los que dedican su vida a proteger a los demás. En Colombia y en toda Latinoamérica la devoción se vive con novenas, procesiones y el rezo constante de su oración en los hogares. Hay familias colombianas que no fallan: cada día encomiendan su casa y sus seres queridos a la protección de San Miguel Arcángel, más aún cuando se atraviesan situaciones de peligro o dificultades que sacuden la tranquilidad del hogar.
Acostumbrarse a rezar la oración a San Miguel Arcángel cada día es un acto de fe sencillo pero que va calando. Fortalece el espíritu y renueva esa confianza en que Dios no nos abandona. En medio de un mundo con tantos retos, encomendarse a este arcángel nos recuerda que no caminamos solos y que la luz de Dios termina por imponerse sobre cualquier oscuridad. Que San Miguel Arcángel nos acompañe, nos defienda y nos lleve por el camino de la verdad y la paz. Amén.

