Palabra del día: Quien como Dios
Hay peleas que uno no gana con las propias manos, sino de rodillas. San Miguel Arcángel lo entendió así: frente al mal, no necesitó otra cosa que pronunciar el nombre de Dios. “¿Quién como Dios?”, dijo, y las tinieblas se fueron. Ese mismo clamor se repite cuando rezamos la novena a San Miguel Arcángel, porque la verdad es que no enfrentamos solos lo que nos toca vivir cada día.
Uno va cargando cosas: problemas en la casa, miedos que no se le cuentan a nadie, tentaciones que parecen poca cosa y terminan gastando el alma. La novena es un modo sencillo de dejarle todo eso al Arcángel, de pedirle que ponga una palabra por nosotros delante de Dios. No es repetir por repetir. Son nueve días de abrir el corazón, confiando en que San Miguel camina con uno.
No hay que pensar en San Miguel como una figura lejana, un guerrero que está allá arriba y nada más. Es un protector que acompaña la casa, la familia, a cualquiera que lo llame con fe. Y esa protección se siente: es constante, es cercana, y tiene algo de esa ternura que solo Dios sabe poner en las cosas que hace por nosotros.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra las acechanzas del enemigo y ayúdanos a vivir con la certeza de que, con Dios de nuestro lado, ninguna tempestad podrá vencernos. Amén.

