Verso del día
«Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el Dragón.» Apocalipsis 12:7
Meditación
Cada mañana, cuando abro la puerta del local o me siento a despachar el primer pendiente del día, también se libra una pelea. Casi nadie la ve, pero ahí está. A veces es el susto de que no alcancen los ingresos del mes; otras, una decisión peliaguda con un cliente, o esa voz que uno lleva por dentro y que susurra que todo lo construido se puede venir al piso. Este verso me ha enseñado una cosa: la lucha de fondo no se gana con más horas, ni echándole más preocupación encima. Empieza mucho antes, en lo que no se ve, en el corazón que decide confiar antes de echar cuentas. Encomendarle el trabajo al Señor no es flojera ni debilidad; es lo primero que hace un buen administrador.
Y San Miguel no pelea nada más en el cielo. También anda aquí abajo, donde usted y yo ponemos el hombro jornada tras jornada. Su nombre quiere decir «¿Quién como Dios?», y precisamente eso es lo que custodia: lo que con honradez y con sudor has levantado, tu sustento, tu familia, tu trabajo. Cuando la trampa, la envidia o el desaliento intentan meter la cuchara en el negocio, su espada es el primer muro que sigue en pie. No defiendes lo tuyo a solas. Alguien que no se ve, pero que es tan real como el mostrador, te cuida las espaldas.
Propósito del día
Hoy, antes de mirar las ventas o de contestar el primer mensaje, voy a parar un minuto el trabajo. Voy a encomendar este negocio con una oración para negocios a San Miguel, pidiéndole que corra de aquí todo engaño y que vuelva este oficio un instrumento de bien para los que me rodean.
Oración final
San Miguel Arcángel, defiende mi trabajo y mi negocio con tu espada. Que todo lo que yo construya nazca de la honestidad, crezca con esfuerzo y se sostenga por la bendición de Dios. Aleja de mí el fraude, la envidia y el miedo a la escasez. Amén.

