Desde que tengo uso de razón, en mi casa se le ha rezado a San Miguel Arcángel cada vez que la vida se ponía cuesta arriba. No es una devoción de ayer: desde los primeros siglos de la Iglesia, los fieles lo buscaron como refugio ante las asechanzas y los problemas que nunca faltan. Y es que cuando uno se siente rodeado de enemigos, los que se ven y los que andan escondidos, hace bien en recordar que esas batallas del espíritu no se enfrentan en soledad. Por eso dejo aquí esta oración contra enemigos a San Miguel, para quien hoy anda buscando protección, justicia y un poco de paz.
Oración a San Miguel Arcángel contra los enemigos
Oh glorioso San Miguel Arcángel, príncipe de las milicias celestiales y vencedor del dragón, hoy me acerco a ti con humildad y confianza para pedir tu intercesión. Tú, que en el cielo libraste batalla contra el mal y lo venciste con aquel grito ¿Quién como Dios?, sé también mi defensor frente a quienes me persiguen, me calumnian o andan buscando mi daño.
Te pido, glorioso arcángel, que cubras con tu manto a mi familia y a mí, y que alejes de nosotros toda maldad, envidia y traición. Como lo recuerda la Escritura, tú eres uno de los principales príncipes que asiste a los hijos de Dios, y ante ti el enemigo mismo fue reprendido; confío en que también hoy intercederás ante el Señor para que reine la justicia donde han reinado los agravios.
No te pido, glorioso San Miguel, el mal de quien me hace daño, sino su conversión y el amparo de cuantos sufrimos la injusticia. Aparta de mi camino a los enemigos visibles e invisibles, rompe todo lazo de maldad y devuélveme la calma, para poder servir a Dios con el corazón sereno y agradecido. Amén.
Cómo rezar esta oración
A mí me gusta rezarla con fe, a la mañana apenas me levanto o ya de noche antes de dormir, que son los momentos en que el corazón está más recogido. Si quiere, puede repetirla tres veces seguidas durante nueve días, encender una vela blanca y buscar un rincón donde haya silencio para concentrarse en la petición. Pero lo de verdad importante es otra cosa: rezar con confianza sincera, sin desearle el mal a nadie, y dejar la justicia en manos de Dios.
Oración final
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; sé nuestro amparo contra la perversidad y las asechanzas del demonio. Que Dios lo reprenda, humildemente lo pedimos, y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para perdición de las almas. Amén.

