Entre las devociones que más se rezan en nuestras casas, el rosario de San Miguel Arcángel tiene un lugar muy suyo. Es la oración con la que nos encomendamos al jefe de los ejércitos celestiales. Por eso vale la pena conocer de dónde viene y qué nos dice la Biblia sobre él: así, cuando lo recemos, lo haremos con más hondura y entenderemos mejor por qué la Iglesia lo venera como protector y defensor del pueblo de Dios.
El nombre y la presencia bíblica de San Miguel
El nombre de San Miguel viene del hebreo Mi-ka-El, que quiere decir «¿Quién como Dios?». Es como un grito de fidelidad al Creador, y desde ahí ya se entiende por qué lo invocamos tanto. Su figura aparece en varios libros de la Sagrada Escritura. En el libro de Daniel se le nombra como uno de los principales príncipes y como el gran protector del pueblo (Daniel 10, 13 y 12, 1); en la Carta de san Judas lo vemos disputando con el diablo; y en el Apocalipsis lo encontramos peleando junto a sus ángeles contra el dragón (Apocalipsis 12, 7). De esos textos le viene ese título de defensor y guerrero del cielo.
El origen del rosario o coronilla de San Miguel
Esta devoción, que muchos conocen también como coronilla, viene de lejos en la tradición de la Iglesia y se remonta al siglo XVIII. Cuenta la tradición que la oración se dio a conocer por medio de una religiosa carmelita portuguesa. Lo lindo de este rosario es que honra a los nueve coros de ángeles que reconoce la teología: ángeles, arcángeles, principados, virtudes, potestades, dominaciones, tronos, querubines y serafines. Cada salutación va dirigida a uno de esos coros, y en todas pedimos la intercesión de San Miguel Arcángel y de los ángeles santos. Ya en el siglo XIX, la Iglesia le dio su aprobación.
Patronazgos y santuarios en la tradición
San Miguel Arcángel ha sido invocado como protector en muchos momentos difíciles de la historia cristiana. Allá en el monte Gargano, en Italia, ya en el siglo V, surgió uno de los santuarios más antiguos que se le han dedicado. En Francia está Mont-Saint-Michel, ese santuario tan conocido que se empezó a levantar a partir del siglo VIII. Y en Roma, la tradición lo une a una visión que ocurrió durante una peste, en el año 590, en tiempos del papa san Gregorio Magno. A todo esto se suman los patronazgos de la Iglesia sobre los soldados, los cuerpos de seguridad y muchísimas naciones y ciudades.
Hoy en día, quienes rezan el rosario de San Miguel Arcángel siguen manteniendo viva esa antigua costumbre de encomendarse al protector del cielo. En muchas casas y comunidades lo rezamos para pedir amparo ante los problemas del día a día, ante la enfermedad o ante las tentaciones, sintiendo cerca a los ángeles que nos acompañan en el camino. Es una práctica sencilla, que junta la Palabra de Dios con la confianza en el arcángel, y que guarda viva la misma fe de los primeros siglos: esa que siempre ha encontrado en San Miguel Arcángel un defensor firme y fiel.

