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Novena a San Miguel Arcángel: guía de oración y devoción

Rezar la novena a San Miguel Arcángel es, para muchos de nosotros, una de esas devociones que se llevan en el corazón desde siempre. Son nueve días de preparación para la festividad del arcángel, el 29 de septiembre, y en cada uno de ellos uno se va acercando al príncipe de los ejércitos celestiales, ese que la Iglesia reconoce como su protector y su defensor. Poco a poco, en medio del recogimiento, se renueva la confianza en su intercesión cuando la vida se pone difícil.

Origen bíblico y teológico

San Miguel no es una figura que haya salido de la nada. Tiene raíces firmes en la misma Sagrada Escritura. En el Libro de Daniel aparece como el gran príncipe que custodia al pueblo de Israel; el Apocalipsis, por su parte, narra ese combate suyo contra el dragón, que es imagen del mal. La Carta de san Judas, en cambio, lo recuerda como quien disputó con el diablo a propósito del cuerpo de Moisés. De ahí que los devotos lo tengamos como defensor de la fe, y que precisamente en los días de la novena acudamos a él cuando más se sienten las tentaciones.

La devoción y la festividad del 29 de septiembre

El 29 de septiembre el calendario romano celebra a los tres arcángeles —Miguel, Gabriel y Rafael—, y por eso la novena suele arrancar el 20 de septiembre, para cerrar justo antes de la solemnidad. La devoción viene de lejos. Lugares como el santuario del Monte Gargano, en Italia, o la abadía de Mont-Saint-Michel, en Francia, la guardan desde la Edad Media. Aquí en Colombia y en buena parte del mundo hispano, muchas parroquias dedicadas al arcángel la organizan con rezos comunitarios, eucaristías y procesiones.

La oración a San Miguel y el legado de León XIII

En el corazón de esta novena está la oración a San Miguel Arcángel que compuso el papa León XIII a finales del siglo XIX, después de una experiencia espiritual que lo llevó a pedir que se rezara al terminar la misa. En ella se le suplica al arcángel que proteja a la Iglesia y aparte las insidias del maligno. La novena recoge esa misma plegaria y la acompaña con reflexiones para cada día, que ayudan al fiel a crecer en virtud, en confianza y en perseverancia. Hay hogares donde se reza en familia, y termina siendo un rato de unión espiritual y de agradecimiento.

Vivir la novena a San Miguel Arcángel es, en el fondo, una invitación a confiar en la protección divina también en lo cotidiano. Rezarla con constancia va templando el ánimo, ayuda a distinguir el bien del mal y mantiene viva la esperanza en esa intercesión del cielo. Cada oración de estos nueve días es una oportunidad para renovar la fe y poner en manos de Dios lo que a uno le preocupa, sea del alma, de la familia o de la comunidad. Ojalá el ejemplo fiel del arcángel nos mueva a caminar con valor, con paz y con esa entrega generosa que tanto hace falta para el bien de todos.

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