Verso del día
«Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón. También el dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron ni hubo ya para ellos lugar en el cielo.» — Apocalipsis 12:7-8
Meditación
Uno lee esos versículos y piensa que quedó allá, en el Apocalipsis, hace mucho. Pero no. Cada mañana uno se levanta metido en una pelea que no se ve pero se siente: la duda que llega sin avisar, el agotamiento que lo hace a uno soltar lo que de verdad importa, esa voz adentro que le repite que no está haciendo suficiente. San Miguel no peleó una vez nada más. Sigue ahí. Y el versículo es claro: el dragón no prevaleció. Lo que hoy te quiere quitar la paz tampoco va a poder.
Rezar el rosario a San Miguel Arcángel es meterse debajo de esa protección. No es decir palabras por decir, es ir entregándole, cuenta por cuenta, lo que te aprieta: esa situación que le quedó pendiente a uno desde ayer, el miedo que no le ha contado a nadie, la tentación que siempre entra por el mismo lado. Miguel lo recibe, lo pone delante de Dios, y uno sigue caminando más liviano. Esa es la coraza que él tiende: no borra la pelea, pero sí le cambia a uno la manera de atravesarla.
Propósito del día
Hoy le propongo esto: tres paradas —al levantarse, a mediodía y antes de dormir— para rezar una decena del rosario a San Miguel Arcángel y pedirle por esa batalla que uno trae por dentro, esa que no le cuenta a nadie. No se necesita más: tres ratitos cortos, tres entregas de verdad.
Oración final
San Miguel Arcángel, príncipe de las milicias celestiales, cubre con tu escudo las heridas que no se ven y pelea esta jornada junto a mí. Que al terminar el día pueda decir, como tú, que el enemigo no prevaleció. Amén.

