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La protección de San Miguel para comenzar el día

Hoy con San Miguel

Cada mañana es una manera de volver a empezar. Y a mí, la verdad, me consuela saber que no lo hacemos solos, sino de la mano de aquel que desde el principio dejó claro quién manda de verdad con su «¿Quién como Dios?». Uno se imagina a San Miguel como ese guerrero del cielo, todo espada y armadura. Pero la realidad es otra: es un compañero que se queda al lado cuando las cosas se ponen duras y uno siente que ya no da más.

Lo difícil no son las peleas que se ven, esas que uno arregla con palabras o a gritos. La pelea de verdad pasa por dentro, en el corazón, donde se cuelan el miedo, la duda y ese desánimo que a veces no suelta a uno ni rezando. Ahí es cuando Miguel levanta la espada, como recordándonos que la luz termina ganándole a la oscuridad. Lo dice bien claro la Escritura: «El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen y los libra» (Salmo 34, 8).

Por eso, cuando uno se acerca a la parroquia de san miguel arcángel, siente que vuelve a casa. Allí renovamos esa confianza que a veces se enfría, y nos ayudamos entre todos a no soltar la fe.

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla de este día. Protege a nuestras familias, aleja todo mal y ayúdanos a vivir con valentía y amor. Que así sea.

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